MIGUEL A. BRINDISI deja HURACAN (ARGENTINA)

Roto porque así queda él. Roto porque así queda Huracán. Se fue el técnico que no quiso dar una mano sino el cuerpo entero. El cuerpo dijo basta. “Carlos, me voy. No veo respuestas”, escuchó Babington en boca de Brindisi ayer al mediodía en una oficina céntrica. El Inglés lo respetó aunque no se esperaba el portazo que lo agarró sin plan B.

Previo a la práctica matutina, el DT anticipó a referentes (Machín, Brítez Ojeda) que podía tomar una decisión tras el partido con Arsenal. Venía barajando la chance pero nadie imaginaba que su salida sería tan abrupta. De hecho ayer habló con su hijo Nazareno y con Fleita para diagramar la semana. Pero al salir del estadio, por la puerta de atrás, maduraba el final. Y llamó a Babington para montar la reunión de urgencia.

Desde el final del Apertura, Miguel tenía la renuncia en la mesa de luz. Estuvo al borde de irse y una cumbre familiar lo convenció de que esperara a armar su equipo a gusto. Refuerzos llegaron, pero... Guerra no estaba en los planes y su arribo fastidió. Y la relación con los referentes estaba desgastada. Había molestias por la extensión de los entrenamientos y la eliminación de días de descanso. Y varios estaban desconcertados por el desfile de juveniles. “No puede ser, todos los días hay cuatro pibes nuevos que nadie conoce, así nunca vamos a conformar un grupo”, llegó a revelar un referente. Pero ninguna de estas razones fue tan determinante como los resultados con los que Miguel cargaba desde el semestre pasado. Hoy, tras despedirse, hablará públicamente. Y hará catarsis.

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